martes, 31 de enero de 2012

¿Que fué de Durban 2011?

¿Alguien se acuerda de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de hace poco más de un mes?

¿A alguien le quedó claro el resultado de aquella reunión internacional en Durban?

La decimoséptima Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CO 17) pasó, no hace tanto tiempo, y ya ni nos acordamos de aquellos temas que coparon las noticias y el debate internacional durante algunas semanas.

Eso sí, sin hacer ni pizca de sombra a la omnipresente crisis económica. Hasta ahí podíamos llegar. Lo primero es lo primero.

Después de más de una semana de reuniones y debates al más alto nivel, con delegados de más de 190 países, con  la presencia de 130 ministros y algunos jefes de Estado o de Gobierno, asistimos como de costumbre, al incremento de la tensión y las diferencias entre opiniones y posturas. Opiniones, debates, divergencias, intereses y muchos mas factores que nos alejan cada vez más de lo realmente importante:  pasar a la acción en la lucha contra el cambio climático.

Ni las palabras del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, afirmando textualmente que “sin exageración, podemos decir que el futuro de nuestro planeta está en juego” ni los datos científico-técnicos de los expertos, ni la postura decidida de algunos países, han sido suficientes para poner a todo el mundo de acuerdo en un protocolo para actuar de manera firme, consensuada y decidida contra el cambio climático.

Una nueva conferencia, y ya van diecisiete, para seguir constatando la dificultad de lograr un acuerdo global.

Que estemos casi como al principio, después de tantos años de reuniones y negociaciones no debería ser un escollo; no es la primera vez que ocurre. Pero que el máximo responsable de las Naciones Unidas asumiera en plena cumbre que “el objetivo final de lograr un acuerdo global y vinculantes sobre cambio climático esté lejos de nuestro alcance de momento” nos deja bastante claro el resultado que se esperaban los responsables del evento.

Lo que conseguimos al final, con tanta discrepancia, tanta reticencia a firmar acuerdos vinculantes y tanta confrontación entre países, es incrementar el número de personas que, en contra de todos los informes y evidencias científicas, creen que esto del cambio climático es una tomadura de pelo.

Tampoco es tan raro.

Si los gobiernos de los países dan mucha más importancia a los temas económicos que a los temas ambientales (anteponiendo los intereses comerciales a la firma de cualquier tratado y exigiendo la ratificación de países competidores para no “desequilibrar” las balanzas comerciales), si se anteponen todo tipo de condiciones (que poco o nada tienen que ver con la variación del clima), a la reducción de emisiones y si las Naciones Unidas no son capaces de imponerse en los temas globales que nos incumben a todos ( sucumbiendo a los intereses particulares de ciertos países), está claro que esto del cambio climático es una cuestión de escasa prioridad a nivel internacional y por tanto, de escasa importancia para el resto de los mortales.

Con lo preocupados que estamos con nuestra crisis, haciendo cálculos para remontar esta dura cuesta de enero, después de los excesos navideños…

Menos mal que en esta clase de saraos se involucran multitud de personas que creen firmemente en lo que están haciendo. Gente que trabaja concienzudamente para elaborar propuestas factibles, para buscar soluciones reales y para adaptar nuestras expectativas de crecimiento a las posibilidades reales de desarrollo. Gente que trabaja por y para el bienestar de los demás, sin importarles a que país pertenecen o en que lado del mundo se encuentran.

Pese a todo, cuando leo noticias relacionadas con la Cumbre del Clima de Durban, pienso que se nos ha vuelto a escapar otra oportunidad.

No la oportunidad de firmar el acuerdo definitivo que ponga fin al problema del Cambio Climático, que no creo que lleguemos a ver. 
Me parece que con cada nueva cumbre perdemos la oportunidad de anteponer la realidad de los datos y los hechos que nos indican que esto no funciona, a los intereses económicos de países y corporaciones. Perdemos la ocasión de estar a la altura de las circunstancias y tomar cartas en un asunto que nos incumbe a todos y en el que todos estamos implicados. Dejamos pasar otra oportunidad de dar a las Naciones Unidas todo el peso y la credibilidad que necesita para tomar decisiones en temas supranacionales y de ejercer, como se le presupone a esta institución, como garante de los intereses de TODOS los habitantes del planeta.

Prefiero pensar que si las Naciones Unidas lleva un montón de años organizando la Cumbre del Clima y si más de 190 países se reunen para tratar sobre el cambio climático, nos encontramos ante una situación cuando menos relevante desde el punto de vista ambiental.

Me quedo con el trabajo de todas esas personas que, en contra de intereses creados, de directrices políticas y de visiones catastrofistas, trabajan día a día para conseguir que todos nos pongamos de acuerdo y tiremos en la misma dirección.

Puede ser un buen momento para demostrar que los cambios son más fáciles de realizar si se empieza desde abajo. Una oportunidad para hacer ver a los que están en lo alto de la pirámide del poder que si todos los que estamos a pié de calle estamos convencidos, implicados y tenemos las ideas claras, no les quedará otro remedio que aceptar acuerdos y firmar decisiones vinculantes.

Por que, les guste o no a los que toman las decisiones y nos representan, nosotros somos la base que les sustenta, los que sufrimos sus decisiones y a los que nos tienen que rendir cuentas.

Y aún tenemos mucho que decir al respecto.

miércoles, 25 de enero de 2012

Biomasa si!

Ha llegado el frío.
Y eso implica que miles de calefacciones se ponen en marcha para proporcionarnos ese calor que tanto buscamos en estos días
.
En casa, en el trabajo, en las tiendas y últimamente hasta en las terrazas de los bares, ponemos a funcionar toda clase de artefactos para obtener el calor que nos hace mas llevaderas las bajas temperaturas.

Como en muchas otras labores cotidianas de nuestra vida, a la hora de buscar el calor y el confort pocas veces solemos pararnos a pensar en la repercusión ambiental de nuestros actos.

De poco nos sirve ser conscientes de nuestra elevada dependencia de combustibles fósiles si nunca llegamos a plantearnos otra manera de hacer las cosas.

De poco nos sirve quejarnos de la subida constante del precio de los combustibles si ni siquiera valoramos la opción de utilizar otras alternativos.

Tras más de una década trabajando en el impulso de las energías renovables aún estamos lejos de dar un giro que favorezca la utilización masiva de este tipo de energías.

Cuando hablamos de los sistemas de calefacción de nuestras viviendas no solemos acordarnos de la biomasa forestal como un recurso natural y apto para la generación de energía calorífica de una manera sencilla, eficaz y mucho más económica que los combustibles fósiles.

En su día era normal la utilización de leña, restos forestales  y de poda para la generación de calor. Parece que los tiempos, los usos y nuestras preferencias han cambiado mucho; lo mismo tanto como para olvidar que los usos y recursos tradicionales también pueden satisfacer nuestras necesidades en pleno siglo XXI.

Quema controlada de restos de poda. Benavente 02/12/11. Estos restos podrían haberse utilizado como biomasa para producción energética.

Afortunadamente el uso de la biomasa va ganando terreno poco a poco y cada vez es mas frecuente encontrar calderas de biomasa en instalaciones como piscinas, polideportivos, pequeñas industrias y hasta en edificios de viviendas o viviendas unifamiliares.

Y es que, aunque es cierto que cada vez estamos más concienciados con ciertos  temas ambientales, la elección de la biomasa como combustible para satisfacer nuestras necesidades diarias aún está más relacionada con los temas económicos que con los estrictamente ecológicos.

En cualquier caso está claro que la biomasa nos ofrece una serie de ventajas, sobre todo si tenemos en cuenta que la Comunidad Autónoma de Castilla y León es la que posee una mayor superficie forestal y volumen de biomasa en sus montes.
Vamos que si decidimos utilizar biomasa de la que producimos aquí, se reducen tanto los gastos como las emisiones debidas al transporte del combustible, un aspecto de vital relevancia al valorar la sostenibilidad de este recurso.

Además de ser renovable, la biomasa permite ser gestionada en función de las necesidades que tengamos en cada momento, lo que supone una ventaja sobre otras energías renovables como la solar o la eólica.

Si además consideramos que utilizar biomasa disminuye nuestra dependencia de combustibles fósiles, de los que nosotros no tenemos una producción relevante, se incrementan las ventajas y se suman puntos a la hora de valorar su sostenibilidad.

Y hablando de sostenibilidad, si cada vez tenemos mas claro que no sabemos realmente cual es el camino directo hacia esta tan ansiada sostenibilidad, lo que si debemos tener claro es que la utilización de la biomasa como combustible es uno de los factores más sostenibles que conocemos:

.- Permite el aprovechamiento de los restos de biomasa que se acumulan en nuestros bosques y montes, reduciendo los riesgos de incendio.
.- Regulando el aprovechamiento de los montes se reducen significativamente los riesgos de afección por plagas forestales.
.- Los costes de producción son muchísimo menores que los de los combustibles fósiles.
.- Y además es una incipiente fuente de riqueza que fomenta el empleo local, conviviéndose en una alternativa y una esperanza real para el verdadero desarrollo rural.

Si tanto nos llenarnos la boca con el concepto y la palabra sostenibilidad, deberíamos empezar a plantearnos que algunas de las alternativas reales ya están a nuestro alcance; Y que optando por la biomasa como fuente de energía en nuestro hogar apostamos por los productos naturales y autóctonos, por reducir gastos e impactos relacionados con el transporte, por el mundo rural y por los aprovechamientos tradicionales, sin renunciar a nuestra calidad de vida y garantizando nuestro bienestar.

¿Se puede pedir más?

Pocas veces tenemos tan a mano una alternativa tan demostradamente SOSTENIBLE..

Si aún te quedan dudas y no lo tienes del todo claro, siempre puedes profundizar en estas páginas web:


IDAE:





miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cachucho, la primera área marina protegida de España

Todos solemos alegrarnos e incluso felicitarnos cuando tenemos constancia de alguna buena noticia, aunque ocurra a miles de kilómetros, aunque tenga que ver con lugares que no tenemos ni idea de donde están o aunque estén relacionadas con seres que ni siquiera conocemos.  Por el contrario, casi nunca nos sentimos responsables de los desastres ambientales que no nos tocan de manera directa.
En estos casos nosotros nunca tenemos nada que ver.
Es otra de las grandes paradojas propias de la globalización que rige nuestro mundo en estos momentos.
Paradojas aparte, es momento de felicitarse, de alegrarse e incluso de celebrarlo, como no.
 Porque en nuestro país existe, en un sitio que probablemente ninguno conozcamos y al que  muy pocos han tenido oportunidad de acceder, un lugar lo suficientemente importante desde el punto de vista biológico y ambiental que merece ser reconocido.
Se trata de EL CACHUCHO, la PRIMERA ÁREA MARINA PROTEGIDA DE ESPAÑA.
Es un lugar ciertamente remoto, aunque tampoco está tan lejos (solo a unos 56 km de la costa, a la altura de Ribadesella (Asturias), aquí mismo, en el Cantábrico).

Cantábrico Asturiano: 15/08/2011

Se trata de un lugar prácticamente desconocido, aunque en los últimos años se han dedicado una enorme cantidad de esfuerzos, tiempo y trabajo de muchos investigadores para desentrañar los secretos y particularidades biológicas y geológicas que encierra un lugar que los propios investigadores definen como “una gran montaña submarina que se eleva bruscamente desde los casi 5.000m. de profundidad de la llanura abisal del Golfo de Vizcaya hasta los 425 m. de su cumbre”.
Es un lugar que no podemos ver y por tanto, cuando no somos capaces de ver algo con nuestros propios ojos, parece que nos cuesta entender qué es lo que hace que sea merecedor de tan honrosa medida de protección.
 Aunque nos aseguren que es un auténtico PUNTO CALIENTE de la  biodiversidad, un lugar que da cobijo a gran cantidad de especies diferentes. En esta zona se han identificado más de 550 especies, algunas de ellas nuevas para la ciencia, lo que pone de manifiesto la enorme riqueza biológica del enclave y su elevada biodiversidad.
El Cachucho es uno de esos lugares que, debido a su estructura, genera hábitats enormemente complejos, creando las condiciones adecuadas que permiten que puedan refugiarse gran cantidad de formas de vida distintas.
No deja de ser llamativo que la aprobación del Real Decreto por el que se crea este primer Área Marina Protegida de España, para preservar un  enclave con semejantes atributos naturales, sea noticia a estas alturas, en pleno siglo XXI, cuando ya estamos acostumbrándonos a convivir con los espacios protegidos terrestres, donde aún se mantienen algunos de nuestros mayores tesoros naturales.
El caso es que estamos, como suele ser costumbre en estos tiempos, ante una serie de paradojas que nos muestran, una vez más, lo complicado que hacemos todo lo que está relacionado con la protección y conservación de nuestro patrimonio natural.
Y es que estos temas, aunque tienen una relevancia ambiental innegable, nunca suelen resultar prioritarios.
Tengo encima de la mesa un artículo de la Revista Ambienta, de abril de 2008 que se titula “La primera gran Área Marina protegida de España. EL CACHUCHO un oasis de vida”, en el que ya se habla de los valores de esta zona, de la necesidad de protección y de la inminencia de este reconocimiento, pero la web del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino publica la aprobación por el Consejo de Ministros del Real Decreto por el que se declara la primera Área Marina Protegida de España “EL CACHUCHO” el 11 de noviembre de 2011.
 Total, son tan solo tres años  y pico de diferencia entre un documento y el otro….
Dejemos ya las paradojas. Estamos ante una estupenda noticia. Ahora sí que se pone en marcha la toma de medidas encaminadas a conservar y proteger nuestro patrimonio común.
Aunque se trate de patrimonio natural submarino, aunque albergue especies que la mayoría de los mortales casi ni conocemos  y aunque no sepamos ni donde se encuentra.
Porque si no sabemos más sobre esta parte de nuestros ricos sistemas naturales es porque no nos hemos asomado a la ventana que los investigadores nos han abierto a este espectacular enclave. (www.ecomarg.net)
Lo dicho, en este enlace (http://www.ecomarg.net/zona.html)  hay todo un ecosistema por descubrir.
Y lo mejor de todo es que es de todos y ahora, por fin, esta protegido.

domingo, 27 de noviembre de 2011

La familia crece

Ya han pasado algunas semanas desde que los medios de comunicación nos informaron sobre la llegada al mundo del habitante 7.000 millones.
Ahora que se nos ha pasado la sorpresa, que la noticia ya no es noticia, creo que conviene dedicar unas líneas a este curioso dato. Porque mientras escribo este texto ya seremos unos cuantos habitantes más compartiendo este pequeño planeta.

Una vez más el ser humano vuelve a batir sus propios récords.

A parte de resultar un dato curioso, que ha originado surrealistas competiciones entre los recién nacidos, allá por las zonas “emergentes” de oriente en los que se ha supuesto que tendría lugar el señalado nacimiento, hablamos de un dato de enorme trascendencia desde el punto de vista ambiental, pero también desde el punto de vista social, económico y cultura.

Y es que la cifra  de 7.000 millones es una señal. Una nueva señal de aviso.

La “afortunada” criatura a la que le han colgado el sambenito ha sido, sin saberlo, el recordatorio del alarmante ritmo de crecimiento que caracteriza a nuestra civilización.

Este dato podría llevarnos a la euforia  por el éxito sin precedentes del desarrollo de nuestra especie sobre el planeta. Porque, según los datos del último informe sobre el Estado de la Población Mundial 2011 de las Naciones Unidas, sabemos que cada vez vivimos más (¿y mejor?), porque un mayor número de niños logra sobrevivir y llegar a la edad adulta…

Lamentablemente este incremento de la población, de la supervivencia infantil y de la esperanza de vida no es igual para todos y tampoco se traduce en una mejora de las condiciones de vida. Mas bien todo lo contrario.

Nuestro incremento poblacional no es proporcional al incremento de la calidad de vida, sino que viene asociado a enormes desigualdades en función del lugar donde nos ha tocado nacer.

 León, 27/11/2011

Pero no estoy dispuesto a volver a caer en el tópico que nos tacha de pesimistas y agoreros a todos los que nos movemos en el mundo del medio ambiente.

 Hoy no.

Tengo suficientes razones y motivos para pensar que, al ser muchos más a compartir, también seremos muchos más para trabajar por el cambio, muchos más para pensar en nuevas formas de entender el mundo, dispondremos de más manos para trabajar, de más cabezas para pensar y de muchas más maneras de ver, entender y sentir el mundo.

Me motiva más quedarme con otros datos del citado informe; los relativos a los  2.000 millones de jóvenes entre 10 y 24 años que tendrán en sus manos el futuro de nuestro planeta. Gente que ha crecido con otros conocimientos, con otras necesidades y con otras expectativas y que, evidentemente, lucharán por un mundo diferente al actual.


Está claro que con cada nuevo habitante aumenta la presión sobre el planeta. También está claro que cada nuevo nacimiento nos brinda una nueva oportunidad de hacer frente a los horizontes oscuros y a las previsiones más sombrías.

Quiero pensar que al aumentar la población, lo que hace que aumente la brecha entre ricos y pobres (Datos de la UNFPA: Fondo de Población de las Naciones Unidas) y las desigualdades, también crece el número de personas jóvenes que aprenden una nueva manera de relacionarse con el medio en el que viven.

Es cierto que con este ritmo de crecimiento nos vamos convirtiendo en aquello que tanto tememos, una sociedad de extremos. Una sociedad en la que aumentan las desigualdades, en la que se eliminan las categorías medias, en la que disminuyen los nacimientos mientras aumenta el número de ancianos.

 Pero también es cierto que, como en todo lo que tiene que ver con nosotros, aún tenemos mucho que decir al respecto.

 Es cuestión de cómo nos lo planteemos. Vuelve a estar en nuestras manos la elección.

Y en esta situación, escribiendo sobre el aumento de la presión poblacional sobre nuestro planeta, yo me alegro de este nuevo nacimiento, de contar con una nueva  compañera de viaje (parece ser que había más probabilidades de que fuera una mujer), de ver como la vida se abre paso de manera natural en lugares remotos donde la gente tiene otra idea de lo que es el bienestar, de lo que es el desarrollo y de lo que es la naturaleza.

Como todos los nacimientos, la llegada del habitante 7.000 millones es para mí un motivo de alegría.  Y también un motivo de reflexión y un buen momento para plantearse un cambio de hábitos, porque este nuevo habitante se merece la oportunidad de disfrutar de un mundo que le ofrezca, por lo menos, las mismas posibilidades que nos ha ofrecido a los demás.

Recordad que a nosotros también nos dieron esa oportunidad.

Sea Bienvenida!!!!!

domingo, 20 de noviembre de 2011

Tiempo de cambios

Vivimos momentos de cambios. Cambios brutales que están haciendo temblar las bases de nuestro sistema económico y que afectan, irremediablemente, a nuestra manera de entender tanto la política como el bienestar social.
Cambios que nos mantienen tan absortos y preocupados por sus consecuencias que, a menudo, nos hacen perder la perspectiva sobre otro tipo de cosas que suceden  a nuestro alrededor. 
Con tanta urgencia financiera, bursátil y económica, cada vez nos cuesta más percibir las variaciones periódicas que marcan el devenir silencioso de la vida, dejando de ser conscientes de los sencillos ajustes estacionales que tienen lugar en estas fechas.
Y como suele ocurrir cada otoño, los compromisos, las obligaciones y las tareas propias de este acelerado estilo de vida que tanto nos gusta, acaparan toda nuestra atención mientras se produce un nuevo cambio de estación.
Afortunadamente en ciertas ocasiones el cuerpo y la mente nos piden parar y salir de los  absorbentes quehaceres diarios, lo que nos permite ampliar la perspectiva .

Y en algunas ocasiones, al  cambiar de lugar y de rutina, somos conscientes de los cambios propios de cada estación y de las adaptaciones de los seres vivos a las nuevas condiciones ambientales.

Volver al monte, al campo o al pueblo nos invita, en estas fechas, a apreciar la enorme variedad cromática de los bosques caducifolios, contrastando con las primeras nieves de la sierra.

Robledal. El Aravalle (Ávila) 17/11/2011


Nos permite contemplar la fuerza de los torrentes que bajan desde las cumbres más altas, encharcando caminos, prados y antiguos cauces estacionales.
 Nos permite descubrir  las hojas escarchadas en las zonas de umbría, tras las primeras heladas  otoñales,  bajo las que se ocultan multitud de setas, que se convierten en un preciado tesoro para aquellos que aún aprecian los regalos que nos brinda nuestro entorno.
Salir de la rutina en otoño nos puede regalar la vista con los últimos vuelos de alguna mariposa despistada que aprovecha los rayos de sol del mediodía para tratar de completar su ciclo vital y  con las laboriosas tareas de alguna pequeña rapaz intentando dar cuenta de una presa recién cazada.
Afortunadamente el ritmo de las estaciones nos devuelve a la realidad y nos recuerda donde estamos y el mundo al que pertenecemos.
Por que la naturaleza (de momento) no depende de fluctuaciones bursátiles, de primas de riesgo ni de cambios políticos….. O tal vez si…..
De cualquier modo el paso de las estaciones nos ayuda a reconocer la fragilidad del mundo en el que vivimos, su variedad y su diversidad, asociada irremediablemente a una incesante necesidad de cambio y adaptación.
Por eso algunos seguimos confiando en la capacidad del ser humano  para aprender de lo que nos rodea, asumiendo la periodicidad de los cambios, adaptándonos a los nuevos escenarios y aprovechando las condiciones beneficiosas, conscientes de la complejidad de nuestro sistema natural y de la fragilidad de los límites que lo mantienen activo.
Así, tal vez, volvamos a vivir sin esa falsa sensación de seguridad que tanto se han esforzado en vendernos y seamos capaces de esforzarnos por sentar las bases de un sistema más flexible y adaptable, más seguro, más integrador, más global y más justo, en el que quepamos todos y en el que todos tengamos algo que decir.
El día que aprendamos de los ritmos naturales y adaptemos a ellos nuestros modelos de desarrollo quizá nuestro mundo será capaz de caminar acoplado al sistema que, día a día, se esfuerza por mantener la vida.
Y con la que está cayendo ahí fuera, entre tanta crisis económica y tanto rescate financiero, si somos capaces de salir de nuestra rutina diaria, tal vez nos podamos encontrar personas que, a estas alturas y en esta situación tan crítica, aún siguen viviendo de aquello que, otoño tras otoño, la naturaleza pone a su alcance. Y con suerte nos explicarán que no es necesario explotar el monte ni cambiar sus usos tradicionales para vivir de él; es mucho más sencillo aprender sus ritmos y adaptarse a sus momentos para beneficiarse de todo aquello que todavía sigue ofreciéndonos.
Porque el bosque en otoño solo da, no pide nada a cambio

lunes, 7 de noviembre de 2011

Apaga y vámonos

He vuelto a fallar.
He vuelto a salir perdedor al enfrentarme al problema.
He sumado un nuevo fracaso como gestor ambiental.
Y ahora ha llegado el terrible momento de afrontar las consecuencias de mis actos.
Tendré que cargar sobre mis espaldas con un nuevo incremento en la emisión de carbono y quién sabe, es posible que hasta pueda ser responsable directo de eso que llaman calentamiento global.
Tendré que aprender a vivir sabiendo que he sido un factor determinante en la pérdida de biodiversidad, que he alterado el ciclo hidrológico y que mis fallos van a perturbar esos ecosistemas marinos que aún no he tenido el gusto de conocer en persona.
Me señalarán por haber trastornado el comportamiento de multitud de especies animales y vegetales, por haber reducido la actividad fotosintética en mi entorno más cercano y por  perjudicar tanto la salud de muchos animales como la de mis propios vecinos.
No me quedará mas remedio que asumir que por mi culpa, la luz del sol que garantiza  nuestra vida, caliente y reseque el suelo y prenda fuego a las plantas herbáceas haciendo que el monte arda.
Seré el responsable de la muerte directa de multitud de animales, del estrés de otros tantos y de la desaparición del hábitat de innumerables especies. También seré el responsable de la pérdida de sus madrigueras, de su cobijo y de su alimento.
Incluso alguien me podrá acusar de haber desestabilizado ecosistemas enteros al interferir en las labores de los insectos polinizadores y de los descomponedores, mandando al traste sus cometidos biológicos.
El paso del tiempo revelará que mis errores producen pérdidas irreparables por causa de la erosión, destruyendo la materia orgánica y la estructura del suelo, permitiendo que las gotas de lluvia compacten el terreno, lo que multiplicará los procesos erosivos.
Porque ahora que llegan las lluvias propias del otoño y damos por finalizada la temporada de incendios forestales, constamos que, un año más, el fuego ha vuelto a ganarnos la partida. Y yo también soy culpable.

Arenas de San Pedro (Ávila) 19/7/2011: Equipos aéreos trabajando en la extinción de un incendio forestal


No podemos seguir pensando que el fuego no nos ayuda a la hora de buscar nuevos usos al terreno que antes ocupaban los bosques.
No es cierto que el fuego mejora las propiedades del suelo, haciéndolo más fértil. No de una manera estable.
Basta ya de considerar que el fuego es la mejor alternativa a la hora de eliminar los restos de nuestras cosechas y nuestras podas.
El fuego no es una herramienta más en la ordenación de nuestra tierra.
Y aunque en algunos lugares de nuestro planeta el fuego cumple una función vital en el mantenimiento de ciertos ecosistemas, lamentablemente ese no es nuestro caso.
Todos agachamos la cabeza cuando escuchamos que entre el 80 y el 90 % de los fuegos que sufrimos cada año son provocados; es un dato triste, incluso vergonzoso, pero dormimos plácidamente, con la conciencia bien tranquila porque sabemos que nosotros no hemos tenido nada que ver en esos desafortunados incendios.
Nos consuela saber que cada año hay más y mejores medios para extinguir fuegos, más personal que cuida de nuestros montes, más herramientas burocráticas que protegen nuestros ecosistemas, más políticos que hablan de prevención, de responsabilidad y de lo importante que es educar.

Que tranquilidad....

Seamos serios.
Esto no deja de ser un síntoma más de nuestra falta de conciencia sobre el significado de un mundo globalizado (Aunque parecemos muy pero que muy globalizados cuando contactamos con nuestros amigos del otro lado del globo o cuando recorremos medio planeta en unas pocas horas)
Porque hasta que no seamos conscientes de nuestro papel en esta historia, no dejaremos de ver crecer las estadísticas sobre el número de incendios, ecosistemas calcinados, pérdidas ocasionadas por el fuego, ciudadanos evacuados y victimas mortales.....
No podemos esperar más.
Ya ha llegado el momento de entonar el mea culpa.
Es el momento de reflexionar y reconocer que si de verdad nos importa todo lo que hay en juego, no deberíamos haber permanecido indiferentes mientras nos explicaban cómo la quema de rastrojos y de matorral es habitual en ciertas zonas; no deberíamos haber permitido que aquellas personas dejaran resíduos en el monte, no deberíamos habernos quedado sentados mientras nuestros jefes asignaban los fondos de programas educativos y de prevención a otros proyectos de dudosa necesidad......
Por que en esta lucha contra el fuego, todos somos gestores ambientales, porque todos, de una u otra manera, vivimos y disfrutamos de lo que nos ofrece el medio en el que nos encontramos. Y para todos nosotros cada nuevo incendio nos viene un nuevo fracaso.
Pero tranquilos, que no conviene estresarse, aún tenemos monte suficiente.
Y hasta que llegue ese momento que todos esperamos pero que no todos propiciamos, bienvenidas sean las lluvias del otoño.
Que si no es por ellas....apaga y vámonos.